Domingo de no resaca

Estaría genial poder comenzar esta nueva aventura literaria contando algo interesante. O, simplemente, contando algo. Pero, en el fondo, este blog no va a reflejar grandes emociones, porque la vida de la opositora resignada no da para mucho, así que este comienzo va en consonancia a lo que se puede esperar en futuros posts.

Como ayer no salí, principalmente porque…

a) no había nadie con quien hacerlo (la gente tiene vacaciones y las utiliza para irse por ahí, como es lógico)
b) lo de estudiar no tiene un sueldo que gastarse en cubatas cada sábado
c) matar neuronas a base de cervezas no es lo mejor para estos momentos en los que necesito mi cerebro al 100% (aunque sin ánimo de ser hipócrita, me quedé en casa básicamente por la razón a), pero tengo que aparentar – aunque sea ante mí misma – que estoy concienciada con “ésta mi situación”)


… he decidido emplear mi mañana del domingo en hacer deporte. Aunque esperaba compartir el gimnasio con dos o tres tristes más que tampoco hubieran salido anoche por la razón a) o por alguna otra, lo cierto es que había más personas de las que esperaba. Los domingos por la mañana hay vida deportiva, como en Nueva York.
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