Exámenes en sábado

Sábado, 7 A.M. Suena un despertador que no es el mío. Afortunadamente mi novio y yo somos de ese tipo de personas que temen mucho lo de quedarse dormidas, por lo que además de ponernos 50 alarmas, siempre le pedimos al otro que programe su despertador. Y menos mal, porque suelo olvidar que en mi móvil hay que seleccionar el día que quieres que te suene la alarma, por lo que aunque la noche anterior yo marque 07:00, si el día “sábado” no está seleccionado, jamás sonará. Y yo olvido esto muy a menudo. Odio mi móvil, sí. Pero es rosa, y se lo perdono todo por eso. 
Salimos de casa con la maleta a cuestas, como buenos nómadas que somos. Llegamos muy temprano a la Universidad y buscamos un bar abierto en el que desayunar y dejarle “aparcado” mientras doy rienda suelta a mis conocimientos o creatividad. Es sábado, así que todos los antros para universitarios tienen el cierre echado. Es otra razón por la que odio hacer exámenes en sábado, aparte de las evidentes, claro está. 

Encontramos un bar que no es para universitarios, sino para trabajadores de supermercado, que como trabajan en sábado, pues se lo encuentran abierto. Un cortado muy oscuro y amargo para mí, y un desayuno completo para él, que total, no tiene prisa. Me lo bebo casi de un sorbo y me voy a la Facultad. En cuanto salgo del bar, empieza a llover. Qué mala señal. 

Llego a clase, algunos saludos de rigor, comentarios sobre ésta y otras asignaturas. En fin, el típico ambiente pre-examen. Empiezan a pasar los minutos y la profesora no aparece. Todos aguardamos “impacientes” en el pasillo. Y pasan los minutos. Y ya son y diez. Se empieza a oler a aprobado general (¿es cierto que si un profesor no se presenta al examen tiene que aprobar a toda la clase o es sólo un rumor para optimistas poco estudiosos?). 
Aparece “el sustituto”. Nos dice que nuestra profe ha dado a luz hace 3 días (¿estaba embarazada?) y que él hace y corrige el examen. Nadie le conoce así que no sabemos si alegrarnos o qué. Dice que podemos copiar y parece que se abre un rayo de luz, pero inmediatamente advierte que si él nos pilla nos echa. Pues entonces no se vale copiar, majo. 


Reparte el examen. Cómo explicar la cara que se te queda cuando empiezan a dictar preguntas que sabes a ciencia cierta que no tienes en tus apuntes. Cómo decidir cuál de ellas inventarte y cuál de ellas desechar. Empiezo, claramente, por aquellas que creo que podré contestar con más soltura. Mi bolígrafo está gastado. Ayer miré todos los bolígrafos y aparté el ÚNICO que estaba gastado para no traerlo al examen, para tirarlo a la basura. Y no lo hice. Tengo que escribir un día un post sobre esta tendencia mía a ser torpe en general. O sobre la de mi novio a liarla en la cocina y distraerme cuando tengo que poner toda mi atención en diferenciar bolígrafos gastados de bolígrafos nuevos.

Como decía, la tinta de mi boli se gastaba a la vez que mi creatividad, así que una hora más tarde ya estaba fuera, sin demasiada preocupación, todo hay que decirlo. Ahora sí que la suerte está echada, me digo al salir. Quizá debería tomarme más en serio esto de hacer exámenes, sobre todo ahora que soy opositora.

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