Debo atender sin perder detalle

Tengo que tener paciencia, pero también sé que estos días suceden y sucederán. Días en los que me invade el pánico al ver que hay mucha gente que se sabe las cosas mucho mejor que yo, o, mejor dicho, que yo sólo me sé chorradas como que “la justicia se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados”*. Retener datos estúpidos es algo que se me da curiosamente bien. Últimamente intento buscarle salida a mis dones innatos, pero no hay un trabajo para alguien que almacene datos idiotas en su cabeza, ni para alguien que disfrute poniendo etiquetas de colores a casi todo, ni para quien puede ensimismarse durante horas frente a un gato, o dos, o veintisiete. No lo hay. Este mundo no está hecho para mí. 

El caso es que hoy es uno de esos días en los que la oposición empieza a inflarse ante mí hasta duplicar o triplicar mi tamaño. Es como si se volviera un gigante enorme, gordo y con cara de sabiondo, y me mirara desde arriba para decirme “demasiado tarde, amiga, jamás podrás estudiarte todo, muajajajaja”. Así es muy fácil dejarse vencer por el estrés. Entonces no presto atención a lo que leo porque sólo estoy pensando “no lo voy a sacar – jamás aprobaré – qué haré entonces – lo tengo que sacar – tengo que prestar atención – jamás aprobaré”. 

Felipe intenta atender en clase (Quino)

* Escrito sin copiarlo de ningún texto, de memorieta, vaya.

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