Amiga Enemiga

No sé si soy observadora. Sé que hay situaciones que, sobre todo por su repetición diaria, me llevan al fichaje de todo/s lo/s que me rodea/n. Como ahora mi rutina es pasar mis mañanas en la biblioteca, pues ese es el habitat que controlo. Otro día podría hablar de la fauna del gimnasio, la academia o las clases de inglés. 

Cada mañana bajo a la biblioteca que está justo debajo de mi casa. Suelen ser las 9 y diez, he desayunado una taza de café verde con leche de soja y tres galletas integrales para sentir que me cuido muchísimo, me he puesto un vaquero y una camiseta y sin preocuparme ni un poco más por mi aspecto he cogido el bloque que me toca y he salido por la puerta. 

30 segundos más tarde ya estoy sentada en mi sitio, siempre en el mismo, al lado de la estantería que comparten los libros de fotografía y pintura con los de tauromaquia, no quiero ni plantearme la razón de ese orden. Cuando llego la bibliotecaria está en su mesa, la chica de la limpieza hace los baños, en la sala de prensa hay, si acaso, un jubilado, y un chico – siempre el mismo – en uno de los ordenadores. Sobre las 12 ese chico da por finalizada su ración diaria de Internet y se une a la sala de estudio. Allí por lo visto somos todos animales de costumbres. 

Estudiando hay 5 personas. Una chica dos mesas por delante de “mi” sitio a la que le atribuyo las oposiciones de justicia. Una pareja al fondo que no tengo ninguna idea real ni imaginaria de qué hacen, y un par de personas más de espaldas o lejanas a las que no tengo tan fichadas. Todos somos opositores, al menos eso creo. Alguna vez se cuela algún universitario, e incluso algún pobre bachiller con sus libros, sus mochilas y su Whatsapp. 

A las 10 y algo aparece mi Amiga Enemiga. Es una chica que puede tener mi edad o dos años más, quién sabe, y que se sienta en el otro extremo de mi misma mesa. Y nadie más se sienta con nosotras. Un día, como buena cotilla que soy, me dio por levantar la vista y tratar de averiguar qué estudiaba cuando me di cuenta ¡de que estudiábamos lo mismo! Por eso pasó de ser mi Amiga a mi Amiga Enemiga. ¿Por qué no llamarla directamente Enemiga o Competidora? Pues porque en el fondo la he cogido cariño. Cuando llega por las mañanas hasta me dan ganas de darle los buenos días, pero no sé si estaría fuera de lugar. Se sienta ahí y pasamos las mañanas juntas, al fin y al cabo. Suele irse antes de que cierre la biblioteca y también antes que yo. Hoy, sin embargo, le han llamado por teléfono y se ha ido más temprano. Cuando ha entrado con el teléfono de la mano y ha recogido sus pertenencias, he pensado por un momento “¡espero que no haya pasado nada malo!”. Y es que en el fondo, se la coge cariño. 
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One thought on “Amiga Enemiga

  1. Es curioso lo que hacen las rutinas.

    Hace unos años, cuando iba a clase, hacía siempre el mismo camino (claro xD). Veía casi siempre a las mismas personas por los mismos lugares. Y si alguna vez fallaba alguna me preguntaba si es que se había dormido o algo por el estilo.

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