Madrid 100%

Hace unos meses escribí que Madrid da asco, que está llena de locos y que estresa. Se me olvidó comentar que, cuando te vas de Madrid, lo echas de menos. 

El sábado volvimos a Madrid, al primer sitio en el que nos cogimos de la mano, a las calles en las que nos fuimos haciendo lo que somos, a la ciudad donde convivimos por primera vez. Todo seguía extrañamente igual. El ritmo de la gente, las calles abarrotadas, el aire contaminado. Nada se había movido demasiado y eso me hizo sentirme, por un día, una más otra vez. Por un momento volví a hace un año, a nuestro pisocajitadezapatos, al trabajo de periodista mal pagado, a los madrugones, a los pocos findes que nos quedábamos a disfrutar del Madrid pausado que no teníamos a diario, a la FNAC, a los paseos por Malasaña, a recorrer las tiendas y pararnos en los escaparates, a descubrir bares, a Lavapiés, a las cañas en compañía de mi otra alma gemela, al metro por la noche, al irracional miedo que aquí nunca tengo. A la vida. 

Cuando cogimos el metro y caminamos hacia el coche helaba, y yo también me había quedado congelada. Y mira que he dicho miles de veces que no miraré hacia atrás, que los valientes miramos hacia delante y no vivimos de la nostalgia, pero antes de llegar a la altura de Las Matas ya estaba llorando sin sentido, incapaz de explicar por qué. Y es que es difícil acostumbrarse a esta vida-no-vida, o yo no tengo madera para ciertas cosas. Quizá mi destino no sea más que ese, deambular por ciudades en las que nadie me conoce, sin evolucionar, siendo la eterna estudiante, la eterna becaria, la eterna exnovia, la amiga sin amigas. Y es algo que pienso mucho últimamente: si realmente somos lo que somos, o somos lo que hacemos. Porque a mí no me sorprende en absoluto el destino de la mayoría de la gente de mi alrededor, pero a veces sí me soprende mi presente.

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One thought on “Madrid 100%

  1. Cada decisión que tomaste fue bien tomada. No tiene sentido pensar en qué fuimos, en qué hicimos que estuvo bien y qué que no. Y somos lo que somos, y lo que hacemos, lo somos todo.

    Dice Goñi que todo aquello que no tiembla no está vivo. Es tu derecho llorar por Madrid y por lo que fue, porque tenemos pasado queramos o no, y la posibilidad de quererlo aunque lo hayamos rechazado. Y es tu derecho no ser valiente, ya volveremos a serlo.

    Me gustaría tanto estar ahí, a tu lado… para compartir la incertidumbre de este extraño presente de ambas.

    Te quiero!

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