2011 en letras

Podría contar mi año 2011 a base de momentazos, de puntos de inflexión, de cambios. Podía hablar de despedidas, de bienvenidas, de que el camino se hace al andar, de cambios de vida, de revoluciones, de pérdidas, de amigas que se casan, de lugares, de nuevos miembros en la familia, de las distintas rutinas a las que me he ido adaptando casi forzosamente. Pero he aprendido que los balances hacen que recuerdes las cosas bonitas, y también las feas, y sin ánimo de ser una insatisfecha, egoísta y no saber valorar todas las cosas preciosas de este año, hay otras (otra) más fea y más fuerte que parece enturbiarlo todo. Como he decidido que estas fechas (ni ninguna otra) son para estar tristes he optado por hacer balance del año hablando de los libros que me han ido acompañando en todas estas situaciones. 

El año empieza y acaba con la misma autora, la mejor, la más grande, mi favorita: Almudena. El día 6 de enero de 2011 caía en mis manos “El corazón helado”, que me acompañó durante los viajes a la Universidad y a Boadilla durante un par de meses. Una historia sencillamente genial con las secuelas de la guerra civil de fondo, que narra dos historias en distintos tiempos bajo 3 puntos de vista y que engancha desde el primer momento. Siempre he dicho que mis novelas favoritas de Almudena son “Las edades de Lulú” y “Castillos de cartón”, pero he de admitir que esta historia me llegó muy adentro. Aunque si hago un repaso al resto de novelas, creo que terminé cada una de ellas con el mismo sabor de boca. 

Cuando acabé “El corazón helado” tuve la sensación de haber perdido a alguien, fue una de esas veces en las que echas de menos a los personajes porque llegan a formar parte de tu rutina. Para paliar esa sensación de orfandad decidí entregarme a “Saber perder”, de David Trueba, que me acompañó prácticamente hasta el final de mi paso por Boadilla. También me gustó y acogí a sus personajes enseguida. Me encanta además, ponerles cara de alguien que conozco,y en este caso encontré a un “conocido” para cada uno de ellos. La historia también narraba una historia entrelazada a través de 3 personajes y no sé, supongo que esas historias me enganchan mucho, porque si las dejas de leer como que pierdes el hilo y no te enteras (por lo menos yo).

Después reservé un tiempo para dedicarle a “Reacciona” y reflexionar sobre estas primaveras tan revolucionarias, pero enseguida quise embarcarme en una nueva aventura. Lo intenté con “Inés y la alegría”, pero llegó el verano y necesité de historias cortas y livianas; el calor y la tristeza no me dejaron en ese momento acoger a ningún personaje por largo tiempo, supongo que yo necesitaba en cierta manera ser acogida por ellos. Así que comencé con “Querido diario”, de Lesley Arfin. Había leído un fragmento en un blog amigo y Mr J tuvo el detalle de regalármelo. Cuenta la historia de una chica que va pasando por varias etapas y se hace yonki. Está basado en la vida de su autora y la verdad es que me encantó el punto de vista sobre las drogas. Contando lo buenos momentos, y también los malos, o cómo recordar algunas épocas la hacía vomitar. Creo que debería ser una lectura obligada en los institutos, porque me parece muy crudo y real, para lo bueno y para lo malo. 

Después me leí “La soledad de los números primos”, de Paolo Giordano que me duró exactamente un viaje de ida y vuelta Salamanca-Madrid. Me había comentado mi ex-jefa que era uno de los mejores libros que se había leído, así que se lo regalé a mi madre creo que por el día de la madre y en julio me lo leí yo. Es la historia de dos pobres traumados que se convierten en una especie de inadaptados sociales. Me gustó mucho la historia y la manera que está escrito. Es muy cortito (todos los de esta época mía lo son), y la verdad es que te mantiene enganchada desde la primera letra hasta la última. 


Después yo juraría que algo me leí, pero la verdad es que no recuerdo el qué :S El caso es que a la semana siguiente fue mi cumpleaños y Mr J me regaló “Diario de una periodista en paro”, de Natalia Sanguino (va de diarios la cosa, sí, y es que cuando fui a investigar sobre “Querido Diario”, me encontré con este otro, y como tengo un novio que es un solete, pues también me lo compró). El caso es que no puede ir más acorde con la época, y empaticé mucho, además de reírme mogollón, porque está escrito con un sarcasmo y un buen humor de esos que hacen falta en estos tiempos que corren. De hecho, he de confesar que me gustó tanto el libro que decidí convertirme en una acosadora-grupi y escribí a Natalia para comunicarle mi emoción. Hoy es mi amiga en Facebook, y una gran fuente de artículos interesantes sobre periodismo. 

Después y sin querer, llegó “Maldito Karma”, de David Safier. Me lo compré en ese universo paralelo que nos dio por visitar una tarde de agosto, llamado Las Rozas Village (ese día y ese lugar se merecerían una entrada aparte. Algún día quizá). Es un libro muy divertido, se lee súper bien y a mí me dejó con la sensación de querer más. Trata de una mujer un tanto frívola que ha descuidado un poco las cosas importantes de la vida sobre todo por su trabajo. Muere de una manera bastante absurda y se reencarna en… ¡hormiga! En serio, risas aseguradas. Yo por lo menos me lo pasé pirata.  Ya le tengo echado el ojo en la biblio al segundo libro de este pavo.

Después empecé “Mercado de Barceló”, también de Almudena, pero no es una novela, es una recopilación de artículos (muy buenos, unos mejores, otros más sosos… es inevitable) sobre el barrio y el entorno del Mercado. Me gusta mucho más leer a Almudena desde mi paso por Madrid. De hecho, siempre he dicho que Madrid siempre me pareció más bonito gracias a ella (y a Joaquinito, of course). 

El caso es que como yo seguía con mi sed de historias, decidí hacerme (¡por fin!) el carnet de la biblio que tengo debajo de casa. Me cogí 2 libros de Juan José Millás, “Lo que sé de los hombrecillos” y “Laura y Julio”, y en 15 días mi madre y yo nos devoramos los dos. Me gusta cómo escribe este hombre, aunque sus historias siempre tienen cosas un tanto semejantes. El caso es que se leen muy fácilmente y también te metes en harina enseguida. Mi madre dijo que le había gustado más la historia de “Laura y Julio”. A mí creo que me impactaron un poco más los hombrecillos. 

Después mi hermana me obligó a leerme “Balzac y la joven costurera china”, de Dai Sijie, asegurándome que era lo más de lo más. No sé si mis expectativas eran muy altas o definitivamente mi hermana y yo no tenemos el mismo gusto literario. Me lo leí esperando encontrar algo de emoción, y aunque la historia, el entorno que narraba y demás estaba genial, no me enganchó como yo quería. Así que tardé bastante en leerlo y me dejó con la sensación de no haberlo entendido del todo. Después al comentarlo con mi hermana, me di cuenta de que seguramente había buscado emociones fuertes en una novela en la que hay que paladear el entorno que describe. Está ambientado en la China comunista y es interesante la descripción de los campos de adoctrinamiento maoísta y de la cruzada campesina anti-occidental, o anti-intelectual en general. 

Le tenía echado el ojo a “El bolígrafo de gel verde” en la biblio, pero cuando acabé con los chinos y fui a sacarlo alguien lo tenía en préstamo. Grrrr… Me cogí entonces “Hermanas”, de Josefina Aldecoa. Es una novela muy reflexiva sobre los años 50 en adelante sobre dos hermanas burguesas de una ciudad cantábrica que al morir su madre toman muy diferentes caminos en su forma de ser y de enfrentarse al mundo. También da qué pensar, en verdad.

Y finalmente, como una manera de acabar el año como un ciclo que se cierra y enfrentarme a lo que no me pude enfrentar, empecé “Inés y la alegría”. Y en ello estoy. Apenas llevo 100 páginas y me está gustando. A ver cómo va tomando forma la historia.
¿Propósitos literarios? Papá Noel dejó bajo el árbol de Mr J “El bolígrafo de gel verde”(¿qué clase de biblioteca personal tendría yo sin este chico?) , así que seguro que será el siguiente. Después creo que intentaré sacar de la biblio los de David Safier y cuando me vea con ganas cogeré “La noche de los tiempos”, del que empecé a leer algo en algún momento (igual en uno de esos momentos en los que tengo lagunas) y me pareció que no era en absoluto una lectura de metro, sino que requería toda mi atención y parte de la de alguien más. 

P.D. ¡Se aceptan sugerencias!
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