Conversaciones imposibles

¿Dónde vas a estas horas?… Ah, es que como no trabajas me extraña que madrugues… No, no intentes desviar la conversación, hoy hablamos de ti, que nunca me cuentas nada y todo lo que sé de ti es por lo que escucho a través de las paredes. ¿Es que pensabas que eras el único? No, yo también te oigo, de hecho, OS oigo. Qué alto habláis, hay que ver, ¿o es que os gritáis? Porque a veces me parece que discutís y me pregunto si tenéis problemas… Ui, perdona, qué poco tacto tengo a veces, desde luego cómo soy. No, no insistas. Hoy no hablamos ni de gatos, ni de estudios, ni de mi familia, ni de novios. Hoy hablamos de ti. ¿Qué le pasa a tu mujer que la he visto que camina con bastón? Ah… había yo pensado que eran cosas de la edad. Ya, ya sé que no sois tan mayores, ni siquiera malas personas, sólo algo entrometidos, pero bueno, es que le he cogido gusto a preguntar y a soltar comentarios hirientes que te hagan sentir un poco mal. Tiene su punto, tenías razón. Eso sí, desde el cariño, que ya son muchos años. Anda, cuéntame, ¿dónde vas? 
A ver, explícame cuál es tu experiencia. Ahá… ahá… ¿y eso qué es? Jamás lo he escuchado… ¿dónde dices que queda? ¿Más allá de Peñaranda? Quita, quita, no me interesa. Vamos a lo importante. ¿Qué es lo que más te gusta de este empleo? No, no me digas que un sueldo. Si los dos sabemos que estas cosas no se hacen por dinero, y como sabemos esto, pues te vamos a pagar lo justito para que no ahorres nada al mes, que eso de ahorrar está pasadísimo de moda. No me digas tampoco que son las posibilidades de promoción, porque yo no te he hablado de ello: por algo será. Tiene que ser algo relacionado con la realización personal. Venga, si estás deseando decirme que has nacido para un trabajo como este, que matarías por hacer cosas que rocen la ilegalidad, que estás dispuesta a firmar artículos precocinados, que de pequeña soñabas con limpiar baños y por eso tus padres quisieron que estudiaras y apostaron por ti. Uf, tampoco me hables de estudios, anda, que me mareo. Has ido a la Universidad, te has sacado un titulo y has ido a fiestas desde por la mañana, pero esto no va de eso. De hecho, has perdido el tiempo. Ui, ¿lo he dicho en voz alta? Bueno, bueno, no lloriquees, venga ya te llamaremos. No te despegues del teléfono ni en la ducha, ¿eh? Que tampoco te insistiremos. 
Como no dices nada, pues imagino que estás genial. Ui, si estás llorando, pero si no es para tanto, chica, anda déjalo ya. Que a mí lo de poner cara de empatía se me da fatal, y además, lo de fruncir el ceño y decir “cuánto lo siento” no va conmigo, que me salen arrugas, lo tengo expresamente prohibido por mi dermatólogo. Ya tengo ensayada mi cara de soncosasquepasan mientras desvío mi mirada hacia mis uñas, que tienen mejor aspecto que tú, y no me apetece mirarte, no sea que tenga que decirte algo más. Anda, cambia de tema, que me incomoda consolarte. Ríete un poco, o machácate. Di que todo es culpa tuya, que todo lo que te pasa es porque eres imbécil. Yo te diré que un poco sí, pero que oye, chica, cadaunoescomoes. Bueno, para que no te vayas tan triste te diré que antes eras más estúpida que ahora, que no había quien te aguantara, pero que últimamente se te veía más relajada. Qué pena que te haya pasado esto, chica, seguro que te vuelves imbécil otra vez. Cuéntame, por lo demás, ¿qué tal todo?
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