El instante

Había olvidado completamente lo feliz que me hace tener mil pestañas abiertas, ir leyendo trozos de artículos, apuntando cosas en la libreta con letra ilegible, saltar de una página a otra mientras mantengo una pestaña con un folio en blanco que se empieza a llenar poco a poco. 
Lo primero, el diseño de la página. Soy incapaz de empezar a escribir si no tengo definido cómo será “el todo”. El tipo de letra, el espaciado, el encabezado, el número de página. Soy una maniática, tenéis que quererme así. 
Lo segundo, un té humeante al lado del ordenador. A veces hasta me olvido que está ahí para beberlo, simplemente forma parte del escenario que necesito para lo tercero. 
Lo tercero: escribir. Escribir lo primero que se me ocurra. Las frases relevante que leo y que incluiré antes o después, o que simplemente necesito estar viendo mientras escribo  otras cosas para inspirarme. Escribir y cambiar los párrafos de sitio cada cinco minutos. Escribir y plantearme si está bien escrito, si quiero hablar de eso, si estaré obviando algo a la vez que dándole demasiada importancia a otra cosa. Escribir, carajo, escribir.

Si además, estoy oyendo llover, suena Alanis y un gato se duerme en mi regazo podemos decir que estoy justo donde quería estar. A pesar de llevar mitones en las manos, del dolor de cuello y de la conexión ilegal. Qué más da si dentro de un rato todo es una mierda. Ahora mismo me gusto.
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