Botas rojas en otoño

Hay días que apetece, no me preguntéis por qué. Aunque no haya nada (nuevo) que decir. Aunque sólo se me ocurran cosas que no son del todo alegres. Aunque la sensación un domingo más es agridulce. Hay algo en el ambiente; será el otoño, será la lluvia, serán las conclusiones a las que he ido llegando estos días, el campo, las botas rojas, yo qué sé. 

Hay días que desde que abro el ojo me apetece. Aunque sólo sea para decir chorradas de la talla de me pierdo y me encuentro cada noche y cada mañana. De pensar “era demasiado para mí”, de “pues no era para tanto”, de “no tengo ya ganas de esto”, de “me muero por volver” y de “y si no vuelvo”. La perfección y el pánico, las carreras y la ventana, una sensación olvidada, otra de sobra conocida, una entrada estúpida que no quiere decir nada más de lo que dice, aunque no diga demasiado. 

Terapia.
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