Cruzo la frontera

Será que soy tan profundamente hormonal que puedo pasar días con la cabeza gacha buscando miles y miles de razones para llorar – que por cierto, siempre tengo la habilidad de encontrar – a los que suceden semanas de risa floja y levitación. Quiero creer que ninguno de los dos estados de ánimo es verdadero, que lo normal es estar tranquila, cómoda con lo que hago, con cierta motivación que no llegue a entusiasmo, con cierta ilusión que no me haga ponerme en peligro. Pero es que a veces la palabra peligroso adquiere un cariz precioso, porque quizá las cosas que me asustan me hacen más feliz. 
Me salto todas mis normas y cambio totalmente mis planteamientos. Hace días que no me reconozco. Vuelo y dejo de hacer cosas que eran mi obligación. Las cambio por otras que había jurado aparcar. Me dejo llevar y tiemblo. Digo que sí aunque luego me muerda las uñas. Me sumerjo en todo lo que hago y me parece que vivo varias vidas distintas en un mismo día. Y en todas ellas me descubro sonriente. A pesar de que a veces quiero echar a correr de todas esas vidas, me propongo seguir adelante y no imaginar desenlaces (aunque a veces es inevitable, yo es que soy mucho de imaginar). Lo más preocupante es que imagino que todo va a ir demasiado bien. 
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2 thoughts on “Cruzo la frontera

  1. Y aún en sabiendo que podrías llegar a odiar a Revolver, dos cosas que te digo yo pero te podrían decir ellos.

    La primera y, por tanto, la más importante, es que “las cosas parpadean y se mueven, y todo aquello que no tiembla no está vivo”. Quicir, ¿en medio? ¿Sin sentir? ¿Sin participar de los extremos? ¿Sin altibajos? ¿Sin temblar? … ¿Y cuál es la gracia de una vida tan tranquila?

    La segunda la pones a huevo… Reconoce la frontera que hay entre tú piel y el aire, me declaro mecánico de sueños de cómo seguir viviendo:

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  2. Bueno, yo iba a decir algo, pero resulta que ya lo han dicho antes y además a mí sí que me gusta Revolver (aunque ha quedado demostrado ya que no tanto tanto tanto como a otras :P). Pero en fin, que hay que arriesgar porque eso es vivir y que los distintos desenlaces posibles no te hagan nunca no tirarte a cualquier piscina o charco. Tiene que haber momentos para todo, para la cordura y la responsabilidad y la preocupación y también el miedo, pero no pueden faltar los momentos de locura al más puro estilo teen, los momentos de apostar, de sonreír, de comerse las uñas aunque no sepan a callos (precisamente porque no saben a callos) y los momentos de enrollarse como siempre me acabo enrollando yo 🙂 Sigue tus impulsos…
    Amaia

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