Estrellismo

Esta historia comienza con un pato al que mi hermana quiso llamar “Estrellito” y al que mi padre dibujó una estrella en el gorro por si alguien alguna vez olvidaba su nombre y se traumatizaba (aprovecho para decir que olvidar los nombres de las personas y los patos está bien feo: un poquito de atención, leñe). Estrellito era (¿es?) un pato marinero, intrépido y valiente como pocos, alegre, simpático y honesto; lo que viene siendo un pato bien. De plástico y con ruedas, sí, pero en mi familia no somos racistas ni excluyentes con las minorías. Y mucho menos si se trata de patos. 
Federico, un primo lejano de Estrellito
Unos años después, los Reyes Magos dejaron en los zapatos de mi hermana su primer gato –de peluche, pero reitero que en mi familia no entendemos de discriminaciones, y mucho menos cuando se trata de gatos- al que decidió llamar “Estrella”. Ya entonces nos llamó la atención su insistencia estelar, pero tanto mis padres como mi yo-canijo teníamos claro que ella era (¿es?) una pesada de marca mayor, así que decidimos no darle demasiada importancia al asunto ni buscar explicaciones freudianas (lo que se han ahorrado mis padres en psicólogos obviando ciertas cosas es cuanto menos reseñable). Pero empezaron a pasar cosas inquietantes, cosas que, amigos de la nave del misterio, os pondrían los pelos de punta… 
Queremos ser tus amigas…
Su primera profesora de inglés resultó ser “La Estrella” y no, no fue un mote que ella le pusiera, ¡aquella señora verdaderamente se llamaba así! Escalofriante, ¿verdad? Pues aún hay más… Aunque empezó disimuladamente, mi hermana acabó llenando su techo de estrellas que lucían en la oscuridad (¡¡sin pilas ni na!!) y no contenta con eso, decidió inventarse un alfabeto junto con una amiga para cotillear a gusto sobre ese chico tan guapo de pelo largo que se parece al del anuncio de los 40 en el que su firma era… ¿os lo imagináis? Si, amigos, una estrella. Una fuckin´ estrella. 

Decía que se iba de fiesta, pero todos sabíamos lo que hacía en realidad

Con esta obsesión creciendo sin medida con los años, no es de extrañar que su nombre en lengua de signos sea “estrella fugaz”, que no pueda evitar colocar un asterisco como firma en cualquier soporte o publicación y que jamás rechace una Estrella Damm ni unos huevos estrellados.


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