Razones por las que volverse imbécil ante un hombre (o proyecto de)

Hoy en una de las charlas con mi hermana, fiel compañera de teorías y desvaríos varios, me he dado cuenta de lo absolutamente imbéciles que somos las tías tantísimas veces cuando un hombre se cruza en nuestras vidas. Es una conclusión a la que había llegado ya hace algunos años (una es tonta pero tiene sus límites), pero es un pensamiento que de vez en cuando vuelve a mí como un boomerang o un escupitajo en el Take Off. A pesar de que, como ha recalcado mi ella, hemos tenido la suerte de rodearnos de mujeres con dos dedos de frente y bastante amor propio, hay algo, una amenaza en el ambiente, un aviso por ondas que sólo se captan a una edad, que hace pensar que cualquiera puede ser la siguiente. Incluso yo. Incluso tú. Incluso tu abuela, si se presta.
Aunque no me considero especialmente dada a bailarle el agua a nadie, he de admitir que lo he hecho en bastantes más ocasiones de las que me gustaría, con resultados más o menos desastrosos y que – he aquí el eje de mis miedos- no me creo inmunizada a volver a repetirlo con idénticas o peores consecuencias en el momento más inesperado. La dignidad que caracteriza a las féminas de mi estirpe siempre ha sido un límite potente, pero todas perdemos el norte de vez en cuando y eso… eso no puede ser, María Teresa.
He aquí las razones por las que yo creo que está medianamente justificado volverse un poco imbécil por un hombre/únicos motivos por los que dejarse idiotizar:
  1. La primera, si eres mujer, está clara y no es necesario nombrarla (guiño- guiño). También es verdad (y como mujer lo sabes) que no abundan los machos que merezcan tu atención por esto (lamentablemente). Se han dado casos, es verdad, y no hay que perder la fe, pero en el supuesto de encontrar un espécimen que reúna este requisito que tú y yo sabemos, conviene no perder de vista el límite del amor propio.
  2. Que tenga un unicornio. Sin dobles lecturas. Un unicornio es motivo de enamoramiento y devoción sí o sí.
  3. Que haya salvado a toda tu familia de un incendio que podría haber resultado mortal. Gato incluido. Y sin quejarse ni exigir aplausos.
  4. Que tenga un barco y te lo preste para irte los findes a navegar y beber margaritas con tus amigas (razón by E.)
  5. Que se dedique a curar canguros y lleve sombrero y ropa color caqui (razón by E.,  ampliable a casi cualquier bicho con cara de coquito. Bueno y sin cara de coquito. Venga, y sin cara también, no vamos a discriminar a nadie: todos son criaturas del señor).
  6. Que crea que eres maravillosa por ser mujer. Con esos no ha lugar de arrastrarse porque todo fluye y eso es así (razón by E.)
  7. Que sea él. Pero que no se columpie tampoco.
  8. Y no se me ocurren más. Qué mal está el patio.

 

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One thought on “Razones por las que volverse imbécil ante un hombre (o proyecto de)

  1. Si encuentras al 2 me lo mandas, que me caso. Si Fujur vale como unicornio que se amplíe. Y en mi caso añado dragón.

    Bueno, si tiene un dragón, yo me lo quedo, y devociones a ÉL las justas, me hago devota del animalico.

    A parte de eso nada justifica volverse imbécil. Más de lo que somos, quicir 😛 (Y con esto quiero decir que acabo de demostrar que no soy un robot, aumentando así mi grado de imbecilidad casi seguramente).

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