Gracias, muchas gracias, ficción

No puedo vivir sin mentiras. De primeras puede que os resulte chocante esta afirmación, pero pronto os daréis cuenta de lo absolutamente ultrajadas que están. ¿Por qué tanta insistencia en presentarnos todo como si fuera real? ¿Es que no tenemos suficiente con la realidad pura y dura? Es tendencia, sobre todo en la tele, disfrazar la ficción de realidad para enganchar a los antimentiras, pero esto sólo alimenta su mala fama: cuando estos pro-realidad descubren que aquello que tan creíble se les había presentado no es más que una mentira haciéndose pasar por verdad, se enfadan, claman al Dios de la Manipulación, la Veracidad y el Santo Engaño, y exigen su dosis diaria de realidad. 
Pues yo no quiero más realidad. No quiero situaciones reales, ni vidas que se parezcan a la mía lo más mínimo. Yo quiero mentiras, mentiras a todas horas, mentiras entre páginas, mentiras tras un opening chulo, mentiras que empiecen con un “once upon a time” y terminen con un “the end”, mentiras que me revuelvan, que me alteren, que me conmuevan y descompongan, mentiras que me enfaden y apasionen, mentiras que me emborrachen, mentiras que me calmen, mentiras que me acaricien. 
Gracias, muchas gracias ficción. Gracias por dejarme sentir lo que ya no siento ni sentiré, gracias por removerme las entrañas, por dispararme, por besarme, por drogarme, por asustarme, por no dejarme dormir. Gracias por ofrecerme historias a cambio de nada, presentarme a personajes que jamás podré abrazar y llevarme a lugares que nunca podré pisar. Gracias porque mi vida es tan profundamente aburrida que de no existir la ficción hace tiempo me hubiera suicidado sólo para darle emoción. Gracias porque por mucho que me repita “you are not alone” lo que me convence de que realmente estoy acompañada es reírme con Jess, disfrutar de Troy y Abed in the morning, conocer Toledo de la mano de un policía de ojos verdes, cocinar con Pinkman, tomar una copa con Sterling, viajar haciendo autostop por EEUU, perseguir a Brody, follar con Hank y vender caballo en el Madrid de hace 15 años. Que me perdone la realidad, con sus personas de carne y hueso y sus problemáticas diarias, pero yo prefiero la ficción. 
Y por último, y porque ha coincidido por casualidad la emisión de Operación Palace con la escritura de este post, gracias, muchas gracias, Jordi Évole. Gracias por contarnos una historia tan novelesca y divertida, y por alertar sobre aquello que aún siendo ficción, nos venden como verdad. 
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