El cuchillo entre los dientes

A veces todo se ordena sin querer y decido sacar motivación de la falta de ganas, por raro que suene. Porque mola retomar los apuntes y recordar los días en los que existían las metas, preparar sorpresas tontas a nivel profesional, decir que sí a cualquier propuesta que incluya escribir e incluso atreverme con un viaje al extranjero que al final no puede ser, qué más da si lo que cuenta es que decirse a una misma “me asusta, pero lo haré”.

Las hormonas marcan las destrucciones y también las subidas del ánimo. Sería injusto relatar únicamente las primeras e ignorar a las segundas. Al fin y al cabo de las segundas se vive y yo, mal que me pese, quiero vivir. Quizá por eso elijo leer, elijo escuchar, elijo ver, elijo aprovechar mi tiempo, elijo volver a querer (porque el amor era bonito antes de que fuera feo), elijo correr, elijo intentar dar un paso más en mis ideas y sobre todo, elijo desechar lo que me duele y enfada, elijo dar menos importancia al desamor, a la indiferencia, al nihilismo y a las frustraciones. Elijo, al fin, vivir. 
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