Maneras de ligar desde finales de los 90 hasta la actualidad

Que el Whatsapp es un generador de locos no es nada nuevo. Es la herramienta perfecta para que pases de ser alguien normal a un perturbado de la cabeza de una manera muy suave, casi sin darte cuenta y, por si fuera poco, totalmente aceptada por la sociedad. No se le puede pedir más. 
Haciendo una restropectiva en las formas de ligar de los 10-15 últimos años puede comprobarse una tendencia al alza de la enajenación mental que las siguientes generaciones no hacen sino mejorar con cada herramienta tecnológica que se introduce en nuestras vidas. Al principio no había nada, luego llegaron los móviles y después los chachiphones con un maravilloso despligue de técnicas de control, acoso y persecución al alcance de todos. DE TODOS. Lo llaman democracia y qué coño, SÍ LO ES.

He aquí un pequeño análisis de la evoluación de las maneras de ligar en los últimos años:

Año 1998: Intentas coincidir en los mismos lugares que X – los recreativos, el parque, la pescadería – y hacer cosas muy elegantes y nada forzadas para que se fije en ti, veáse: cantar muy alto una canción de Ace of Base inventando las partes que no entiendes (es decir, todas), pasar doscientas setenta y tres veces por delante de donde está sentado/a con su pandilla en menos de 10 minutos o toparte por casualidad con él/ella el lugares tan insospechados como su portal. 

Año 2002: Intentas conseguir su número de móvil para hacerle perdidas-toques-llamacuelgas hasta que decida invertir la fortuna que cuesta un SMS en escribirte para preguntarte “KIEN ERES?”. Le contestas con otra perdida y te pones una medallita. Has ligao. 

Año 2006: la llamada perdida sigue significando “me molas”, pero cuando has intercambiado diecisiete en una misma noche decides empezar un intercambio de SMS (dos es lo correcto, tres es lo ideal, cuatro ya es pasarse y cinco es carísimo) marcado por el ingenio y las abreviaturas. Tienes 120 caracteres para venderte, meter alguna ficha y que todo quede muy natural e incluso, por qué no, poético. Para que luego digan de Twitter, aquello sí que era trabajar la agudeza mental y sintetizar ideas. 

Año 2010: empiezas a coquetear con el Whatsapp pero aún no ves su potencialidad. Te quedas con los detalles: es gratis y rápido. Buscas al chico/a que te gusta entre tus contactos y observas la pantalla de la conversación hasta que aparece “en línea”. En ese mismo instante te desconectas rápidamente, no te vaya a ver. Es un llamar y colgar mejorado, pero tú ya no estás para tonterías y decides llamar. Hemos venido a jugar. CON UN PAR. 

Año 2014: desconoces si tu teléfono tiene alguna función aparte del Whatsapp y te preguntas cómo era posible ligar antes de que existiera. Cuando te levantas escribes a “esa persona tan especial” para darle los buenos días, después le mandas un selfie en el que simulas que estás recién levantado/a pero en el que todo detalle está extremadamente cuidado para transmitirle que cuando despiertas sigues siendo guapo/a. Más tarde le envías una canción que hable de alguna moñez que le pueda gustar. Inviertes dos horas en mirar su conversación, en repasar punto por punto las fichas lanzadas, en analizar su foto de perfil, su estado, tu foto y la del resto de tus 250 contactos porque ha pasado bastante rato y no te contesta ni a los buenos días, ni al selfie ni a la canción moñas. Y está en línea, tú lo has visto, pero nada. Bueno, estará liado/a, ya me contestará. Aunque igual lo ha leído en un mal momento y ha pensado “luego contesto” y se le ha olvidado. Vuelves a escribir. Venga, una carita sonriente y un qué tal. Pues nada. Y se ha vuelto a conectar, que está en línea, coña, QUE ESTÁ EN LÍNEA. Uf, paciencia. Sigues con tu vida y empiezas a barajar la idea de que no le interesas. Pero por qué no le vas a interesar si eres un partidazo, si eres lo mejor que le ha podido pasar en la vida. Anda y que le den, se creerá que está para elegir. De qué va. Escribes para transmitirle tu enfado y zanjar el tema, que sepa que eres TÚ quien pasa, que tienes mejores cosas que hacer que perder tu tiempo en él/ella que al fin y al cabo es un/una gilipollas de mierda más feo/a que un frigorífico por detrás. Has ganado, has ganado, has ganado. Aunque bien pensado, igual te has pasado. Igual no tenías que haber mencionado a su abuela entre los insultos. Bueno da igual. No, no da igual. Joder, no da igual. Vuelves a escribir: “perdona, me he calentado… es que me gustas mucho y me jode que pases de mí…”. Eso le tiene que ablandar el corazón. PERO NO. Tienes al otro lado del Whatsapp al hombre / la mujer de hielo. Es momento de sacar la artillería pesada: empiezas con un tímido “me encantas”, sigues diciendo que es lo más bonito que ha parío madre y al final te tiras a la piscina: te quiero. ALL IN. Sigue sin contestar. Y sigue en línea. Lo estás viendo. Literalmente, porque estás detrás de un seto viendo como trastea con su móvil. Lo ha leído todo y no sólo no te contesta, sino que continúa con su partida al Candy Crush como si nada. DE QUÉ VA. Igual es momento de volver a los toques. Venga, una perdida. Eso le hará gracia y seguro que invita a que conteste YA. Pero tampoco funciona. Venga, otra. Y otra. Y otra. Y otras tres. Te preguntas dónde están los zumbidos del Messenger cuando se les necesita y decides llamar. Una, y otra, y otra, y otra vez. Así, hasta que le gastas la batería, que no es un gran logro pero le has jodido la partida al Candy Crush. Para que aprenda, hombre ya.  

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2 thoughts on “Maneras de ligar desde finales de los 90 hasta la actualidad

  1. ¡¡Grandioso!! ¿Y qué me dices de los sutiles estados del messenger? Me siento como si fuera un poco abuela cebolleta porque no me ha tocado vivir (de momento :P) la era de ligar por wathsapp, pero si lo estuviese haciendo, viendo como me iba con los toques, sms, messenger e incluso fotolog sería EXACTAMENTE ASÍ 😀

    Amaia

    PD: Para verificar que no soy un robot he tenido que seleccionar imágenes de sopa con un ejemplo de referencia jajajaja

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