Sin mirar atrás

Al final los viajes, duren lo que duren y te lleven más cerca o más lejos, deben servir para tomar distancia, para renovarse y, al volver, encauzar lo que antes de marchar fuera motivo de preocupación. Colocar las cosas en su sitio, ordenar de nuevo las prioridades, tomar pequeñas decisiones o dar giros radicales: elegir qué/quién se merece un lugar en tu vida y a qué/quién, con más o menos dolor, debes desterrar (al menos de manera temporal). 
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