Odio mi cumpleaños

Podría decir que siempre he odiado mi cumpleaños y no mentiría. Sé que muchos me diréis que cuando era pequeña seguro que me hacía muchísima ilusión celebrar y soplar velitas y todo eso, pero puedo aportar documentación auténtica y fidedigna como pocas que desmentiría tal cosa: mi diario, ese cuaderno con candado cuya llave escondía como si mi madre no fuera una experta rastreadora de metal.
El caso es que al acudir a esta maravillosa y pueril fuente primaria puede comprobarse que siempre-siempre-siempre he odiado mi cumpleaños. Os preguntaréis, ¿habrá vivido esta mujer en una permanente crisis existencial desde que le salieron los dientes? ¿le agobiaría envejecer incluso cuando no era consciente del paso del tiempo? ¿una dramaqueen nace o se hace?

Cada una de estas preguntas abriría amplios debates que aburrirían a las ovejas, así que por abreviar diré que siempre odié mi cumpleaños porque es EN VERANO. Y sí, tengo una teoría al respecto de los que cumplimos años en verano que es bastante optimista, porque deberíamos ser todos sociópatas resentidos con sed de sangre humana y a la vista está que no es así (para muestra una servidora, por supuesto).  Y es que los desgraciaditos del verano teníamos que pasar nuestro cumple viendo pasar las bolas del desierto delante de casa, sin amiguitos a los que invitar a medias noches de nocilla, sin poder mezclar coca-cola y fanta en un entorno festivo, sin poder odiar ese momento en el que te cantan el cumpleaños feliz y descubres que es una canción eterna.

Desde que soy pequeña lloro en mi cumpleaños, es mi pequeña drama-tradición. Los días previos algo siempre se revuelve dentro de mí: es esa nerd que se supone que murió cuando me eché novio en el instituto (que es algo de absolutos triunfadores, como todo el mundo sabe) y que en ciertas situaciones sigue musitando mierdas en mi cabeza. Este año me atormenta con la soledad y el desacierto, con las obligaciones y las libertades, con la vejez y la madurez, con las decisiones y la falta de idem, con el cuerpo y el espíritu, con el talento y la rivalidad, con el deseo y el desinterés, con el entusiasmo y el cinismo.
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One thought on “Odio mi cumpleaños

  1. Me pasaba exactamente lo mismo el día de mi cumpleaños. Aunque no es en verano, todos los que alguna vez hemos padecido ese mal, tenemos una especie de justificación sobre la época en la que vinimos al mundo. Por solidarizarme y tratar de ser útil, diré que con el tiempo (al menos en mi caso), uno se acaba dando cuenta de que lo único que importa es existir, que no importan nuestras dudas y temores, porque el simple hecho de ser, ya es un misterio. Nuestras vidas son demasiado cortas como para sesgarlas para siempre con tormentos autoimpuestos. Y cuando se consigue vislumbrar ese tipo de ideas, aunque sea de forma fugaz, es realmente reconfortante. :]

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