Lo que nunca seré

A ver si soy capaz de enfocar esto sin parecer pesimista: no hace mucho tiempo – pongamos, más o menos, tres años – me di cuenta de que solo se vive una vez. Sí, ya sé que las Azúcar Moreno nos lo confirmaron hace mucho tiempo, pero una que es socióloga y periodista -y por ende empírica hasta la muerte – es muy del “si no lo siento no lo creo”, y eso fue lo que sucedió.

Fue un día sin más, cuando se acababa el invierno y comenzaban los brotes verdes para mí en varios sentidos que no vienen al caso. Fui al médico por una molestia en la rodilla que tenía toda la pinta de no ser un síntoma de juventud. Cuando la doctora vino a confirmar lo que sucedía en mi preciada articulación yo, no sin miedo, me atreví a preguntar: “¿y ahora qué se hace?” y la respuesta me derrumbó: “esto no tiene solución”.

Salí del centro de salud con la receta de unas pastillas vitalicias en la mano y la prohibición de volver a correr y a salir en bici. Entonces fue cuando comprendí que eso ya iba a ser así PARA SIEMPRE. Solo quien haya vivido este momento de que no hay vuelta atrás puede saber de lo que hablo.

Ese sentimiento de que hay cosas que son irreversibles me persigue desde entonces y no solo cuando me descubren un nuevo achaque de esos que con el paso de los años se van agudizando sin que puedas hacer nada por evitarlo. Me refiero a todas aquellas cosas que ya no he hecho y que ya no haré.

No es que me arrepienta del camino recorrido ni de las decisiones que he tomado – al menos no de todas ellas –. No, de verdad que no va de eso. Va de que jamás tendré un grupo grande de amigas de toda la vida ni viviré una adolescencia libre de complejos; jamás me iré de Erasmus ni me colgaré de cualquiera a quien le guste trasnochar (cada noche); no tendré un buen trabajo al terminar la carrera de esos que harían presumir a mis padres ni tampoco daré a luz antes de los 30. No voy a ser profesora de yoga ni voy a escuchar a ningún hombre pedirme matrimonio.

Y sí, quedan muchas cosas por vivir que nada tienen que ver con esto, pero no puedo evitar pensar en ello a menudo y, ya puestos, en que nunca seré danesa, ni hombre ni koala.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s