Exceso de optimismo

Inside Out nos enseñó algo muy valioso y es que (atención spoiler) la tristeza forma parte de la vida y es, de una manera u otra, necesaria.

¿Ha sido este un año triste para mí? La memoria es muy traicionera y parece que, si noviembre fue un mes triste, no eres capaz de recordar la de días felices que se dieron entre febrero y mayo o lo que disfrutaste de los viajes, de la gente, de las noches, de las mañanas, de las carreras, de los abrazos y de los bailes.

Inside out
¡Pánico!

Lo cierto es que este ha sido un año lleno de cambios a los que aún no me atrevo a poner la etiqueta de “a mejor” o “a peor”. Han sido simplemente cambios: lo que no se mueve es que está muerto y ya está. ¿Ha habido momentos tristes como consecuencia de estos cambios? Muchos. ¿Alegres? También. ¿Hubiera habido la misma proporción de unos y otros de no haber movido ficha? Nunca lo sabremos. Lo que está claro que desgraciadamente son esos instantes tristes los que te dan lecciones que no siempre te gusta aprender y los que marcan en gran medida tu forma de ser.

Este año me he dado cuenta de que ser positiva es una actitud más que respetable, que te da fuerzas y te invita a no perder las ganas, pero si tengo que elegir entre Mr Wonderful y Mr Puterful no sé con cuál me quedo. La mentalidad Mr Wonderful no te prepara para el golpe, solo te dice que al mal tiempo buena cara, que todos los días sale el sol (chipirón) y que tienes que seguir sonriendo porque la vida es maravillosa. Cuando llega ese momento en el que te encuentras con algo que no es reversible, ¿qué pasa con todo tu optimismo? ¿Qué pasa con esa filosofía? Que te deja en bragas, sin lugar para reaccionar y prepararte para estar triste, para animar a quien lo está, para asumir que gran parte de la vida es decadencia, es soledad y es angustia, que gran parte de la vida son decisiones equivocadas, es no estar dónde tienes que estar, es tener la vida partida.

Aún así, sabiendo que no siempre una frase de ánimo arregla un mal día ni un buen consejo pone fin a una situación desesperada, seguiré pensando que lo mejor está siempre-siempre-siempre por llegar. ¿Será en 2017? Claro que sí, guapi.

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