Querido Quimi

Querido Quimi:

Igual te resulta extraño que te escriba pero es que, ay, tengo tantas cosas que decirte que me he guardado durante todos estos años que no puedo seguir viviendo con ellas. Necesito contarte que el otro día, al verte apoyado en la barra del bar, volvió a latir mi corazón como cuando tenía 14 años y esperaba ese momento de la semana en el que te colabas en mi tele, yo te grababa en VHS, y volvía a verte una y mil veces. Entonces yo era una inadaptada que soñaba con ser como Valle y gustarle a alguien como tú. Más o menos lo que sigo siendo ahora.

Quimi: me encantabas. Supongo que es fácil porque yo era una adolescente y tú el típico malote de instituto que en el fondo tenía buen corazón. También me gustaban chicos así en mi real life,  macarras aunque lo del buen corazón ya tal. Ese es el problema y motivo de esta carta: Quimi, me has engañado. Y no me refiero a tus líos con Valle ni a esa temporada en la que te colgaste de la pija de Míriam. Y sí, eres igual de guapo que en la tele e incluso esas canitas que cubren tu clásica barba de 3 días son lo más (ninguno de los dos somos teenagers, lo asumo). No es que no te correspondas con lo que yo veía por la tele y luego soñaba en mi cama de 90. Me siento estafada porque no hay tíos como tú. ¿Igual de macarras? A patadas. ¿Que tengan buen fondo, elegancia y una moto? Pues yo no los he encontrado aún. Tú llevabas el pelo largo, pendiente y chupa de cuero, fumabas y te hiciste tu propia moto porque eras una mente brillante aunque te empeñaras en ir del tonto que suspende, ayudabas a tu hermano el drogadicto y te jugabas el tipo por tu chica porque, oh yeah, ella se lo merecía todo. Eras, ante todo, valiente. Era eso lo que ahora sé que más me gustaba de ti. Tu falta de miedo y tu no echarte para atrás ni para tomar impulso. Y no, ya no quedan hombres así. En el instituto ya ni se les olía pero si esperas encontrar un tío así que ya haya superado los 30, olvídate.

Quimi, no hay nadie como tú, son todos unos cobardes y yo me siento engañada porque pensé que si tú eras posible tenía que haber otros al menos lejanamente parecidos, que sin ser unos ñoños fueran buenas personas, honestos, amables sin caer en estereotipos, libres pero dulcemente encadenados a otro corazón, incluso, si me apuras, sensibles, pero sobre todo, valientes.

Así que a lo que te iba, ¿qué haces esta noche? Si vas a estar tomando una cerveza en la barra de algún bar (somos de Mahou, somos de barra, somos de salir un martes) cuenta conmigo.

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