Haz el humor

Llevo desde ayer queriendo escribir algo sobre el humor, pero no me sale. La noticia de la muerte de Chiquito, por muy absurdo que os parezca, me removió muchas cosas y me apetecía plasmar la importancia de algunas de ellas – el resto me las guardo para mis noches de insomnio – y hacer así mi pequeño y humilde homenaje a un hombre que quien más quien menos ha imitado alguna vez, a ese pequeño ser que introdujo palabros en nuestra jerga que aún siguen vigentes. Y es que quién podía resistirse a no sonreír con su peculiar forma de contar chistes. Quién no ha soltado alguna vez un “jarl” porque de verdad que en la RAE no hay acuñado ningún término que haga sus veces. Quién no se ha topado con más de un fistro de la pradera en su vida y lo ha sabido nada más verlo.

He abierto hasta cinco veces una hoja en blanco y he escrito mierdas que he borrado instantáneamente porque ninguna era ni de lejos lo que yo quería transmitir. Hoy, después de reflexionar y culpar a esto o a lo otro me he dado cuenta de que hacer humor es muy difícil – que era mi premisa inicial –, pero que también lo es intentar pensar sobre ello cuando estás triste. He intentado en vano varias veces sacarme una foto sonriendo porque mi reflexión no iba a alargarse más de 4 líneas tontas en Instagram y, joder, no he podido. Y venga a forzar, a tirar hacia arriba de las comisuras de los labios, a sacar a relucir los dientes que tanto dinero costaron a mis padres, a pensar en algo que me hiciera soltar una carcajada… Y nada.

Entonces he recordado una tarde durante mi adolescencia en la que, como tantas otras, me dedicaba a aporrear las teclas sin ton ni son. Mi madre se sentó junto a mí y me dijo que la gente lo que necesita es alegría, que lo que quiere es leer cosas divertidas, que lo que de verdad hace falta en el mundo es el humor. Seguro que ella ya no se acuerda de aquello (aunque apuesto a que sigue pensando lo mismo), pero yo no he dejado de tenerlo presente durante todos estos años en los que he escrito un montón de trabajos para la uni, el inicio de unas 15 novelas, una tesina, más de 400 mails, incontables mensajes de Whatsapp, un montón de posts tan absurdos como este y unas 600 páginas web de negocios que van desde la venta de trajes de comunión a la comercialización de maquinaria industrial, pasando por putis, podadores de palmeras, tarotistas y empresas dudosas y/o incomprensibles.

El caso es que ese día, en lugar de hacer caso a mi madre, decidí escribir la carta de despedida de un condenado a muerte y hoy, en lugar de hacer una oda al humor, he escrito una vez más algo triste. Perdonadme todos y sobre todo, Chiquito. Volverán las golondrinas como volverá mi alegría, pero quizá haya que esperar a la primavera.

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