Blue Monday

Ya lo que nos faltaba. “¿Otra vez? – preguntó un compañero el viernes – ¿Pero eso no ha sido hace nada?”. No, no ha pasado el tiempo tan volando desde el último lunes más triste del año. Aquí mi primo estaba confundiendo el Blue Monday con el Black Friday, y no iba desencaminado.

Durante todo el mes de diciembre estamos obligados a sonreír, a cantar villancicos y a ser felices porque son unas fechas muy señaladas, llenas de luz, de agradecimiento, de reencuentros, de dulces poco digeribles y de alcohol. ¿Cuál es la manera de celebrar esta bendita felicidad? Comprando regalos, invirtiendo en cenas a las que no quieres ir y, en general, entregando tu hígado y tu cartera a la causa.

Entonces llega el día 6, te comes el roscón que llevas esperando todo el año, quitas los adornos navideños y te paras un momento a pensar en cómo estará tu vida cuando vuelvas a sacar el espumillón. ¿Qué será de mí en 2018? ¿Me puteará mucho este año? ¿Llegará un punto en el que querré estar tal y como estoy ahora, en pijama guardando el árbol, o todo irá tan bien en este año entrante que en diciembre beberé el doble para celebrarlo?

El caso es que vuelves al trabajo, al gimnasio, a llenar tu nevera de brócoli, piña y espárragos para depurar, a tomar de postre el yogur con bífidus en lugar 3 kilos de mazapán. Y entonces, solo una semana después, cuando aún estás decidiendo si enfrentarte al nuevo año con optimismo o pesimismo, resulta que aparece el p*** Blue Monday para ayudarte a decantarte por una opción u otra. Este es el día más triste del año según la ecuación de no sé qué tío animado que decidió que el frío, la cuesta de enero y el abandono de esos propósitos que el día 1 juraste y perjuraste cumplir, suponen el combo perfecto para hundirte en la miseria.

Pero, eh, ni te p r e o c u p e s: estamos en un sistema capitalista que no invierte en tu tristeza para nada. Nadie quiere que te pongas moñas, solo sacarle rentabilidad de tu desesperación. ¿Cómo superar este momento tan difícil, este lunes tan tremendo en la vida de todo ser humano? ¿Cómo salir de este agujero de deudas, tiempo terrible y frustración? ¿Cómo ser alegre y jovial? ¿¿Cómo?? Pues comprando cosas, ¿cómo va a ser? Si está todo inventado, pero, ¿no te acabo de decir que no estamos para gastos? Ay, my darling, la felicidad tiene un precio…

PD. Cuando os hayáis recuperado recordad que a la vuelta de la esquina ya se asoma San Valentín, porque el amor también tiene un precio.


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