La mala educación

Que la mala educación está de moda no es nada nuevo. Es increíble cómo en cada época imperan unos valores sociales que calan en cada uno de nosotros de manera individual y colectiva. No sé quién fue el culpable de comenzar con esta costumbre – quizá Risto Mejide – pero lo que está claro es que la buena educación brilla por su ausencia y los que la practicamos – entre quienes obviamente me incluyo – estamos más perseguidos que Pikachu en Pókemon Go.

Una buena parte la ocupan esos modales que nos enseñaron de pequeños y que algunos decidieron perder por el camino. Y, mal está quien no los recuerda, pero peor es quien es consciente y defiende que sorber no es algo malo, ni masticar con la boca abierta, ni hacer ruido con el chicle. Que son cosas mías, que soy presa de mi cultura y esas cosas en China no les parecen mal (¿?). 

Mi padre siempre me ha hecho reflexionar con una enseñanza que a mí me parece comunista a nivel de El Manifiesto: “piensa en qué pasaría si TODOS hicieran lo mismo que tú”. Se refiere a esas pequeñas licencias que nos damos pensándonos especiales y sin caer en la cuenta de que a lo mejor estamos abusando de nuestro espacio social en todos los sentidos. Cada vez que alguien decide prescindir de sus auriculares en el metro y obsequiarnos a los demás con su música – que, dicho sea de paso, nunca es la mejor – me da por imaginar qué pasaría si todos los allí presentes hiciéramos lo mismo. De hecho ya aviso que un día yo misma entraré al trapo y comenzaré a leer en voz alta el libro que tenga entre manos. Porque también soy así de generosa.

¿Qué me dices de la gente que es sabedora de su mala ortografía y contesta que es un tema que “se la suda”? ¿Y de los que se te cuelan para entrar o salir del metro porque deciden que tienen más prisa que tú? ¿O de los que no apartan sus cosas en el gimnasio para que tú puedas dejar las tuyas? ¿O de los que se dejan invitar pero jamás invitan a nada? ¿O de los que te dejan una conversación a medias y se quedan tan anchos?

Acabemos con esto, por favor. Y no me refiero ni mucho menos a volver al siglo XVI, a hablarnos de usted ni a abrirnos la puerta del carruaje, solo se trata de hacer este mundo un lugar más habitable, que somos muchos, muy españoles y mucho españoles (sobre todo en el metro a las 8 de la mañana).

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2 respuestas a “La mala educación

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