Resaca emocional

Dicen que “cuando te haces mayor” las resacas son mucho más duras y que tardas en recuperarte el doble o el triple que cuando eras más joven y te bebías hasta el agua de los floreros. Y digo “dicen” porque eso no va conmigo. Además de seguir considerándome joven – qué pasa –, toda la vida he tenido resacas muy aleatorias: a veces la misma muerte, a veces una frescura solo comparable a la de una lechuga recién cortada.

Algunos domingos de mi época de estudiante cuando vivía con mis padres me levantaba para comer con ellos, hacía el paripé con la poca dignidad que me quedaba y, a continuación, me iba al baño de forma muy discreta y vomitaba. Otros días, sin embargo, amanecía como si nada hubiera pasado la noche anterior. Mi modus operandi 10 años después es bastante similar: lo mismo hago la babosa del sofá a la cama (lo de comer y vomitar me lo ahorro) que me levanto de un brinco y me voy a entrenar para quemar los excesos.

Sin embargo, hay una resaca peor que la de haberse pasado con los fresquitos que sí que se hace más dura con el paso de los años.

Siempre he creído que lo único bueno que tiene hacerse mayor es que vas haciendo una especie de callo en el corazón que impide que las cosas te duelan de una forma demasiado intensa. He practicado con mucho orgullo y deportividad el “todo me resbala” hasta tal punto que durante años me he creído y he sido inmune, pero supongo que eso se acabó (o me estoy tomando un descanso).

Resulta que debajo de esa coraza hay más capas. Como en las cebollas. Como en Photoshop. Como en mí misma cuando hace mucho frío y no quiero que se me cuele por el ombligo. Hay una superficie dura y debajo un montón de tejido muy delicado que tarda más en sanar. Está en carne viva: protegido pero no, a flor de piel pero no.

Hoy esas capas están a la intemperie, a su suerte, a la deriva. Las vueltas a la rutina son siempre un poco convulsas. Llámalo intensidad de campamento. Llámalo menstruación. Llámalo cansancio físico y falta de sueño. Llámalo cumpleaños la vista. Hoy estoy de resaca emocional.

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One response to “Resaca emocional

  1. A día de hoy puedo confesar y confieso que practico el “todo me resbala”, pero cuesta mucho disimular que en realidad no.
    A mí me parece que hacerse mayor duele. Porque los años pesan, las vivencias pesan, los recuerdos pesan, el amor pesa y, como bien dices, las resacas son infernales.

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