Córtate el pelo

Leí hace un tiempo que en algunas zonas de Alemania existe la tradición de no cortar el pelo a los bebés hasta que cumplen un año porque, según dicen, esto trae mala suerte. Me sentí algo reconfortada porque yo, aquí donde me veis, con mis dos gatos negros y mi cinismo inherente, soy una persona muy supersticiosa y una de mis creencias es precisamente que cortarse el pelo da mal fario. Creo que, igual que a Sansón se le iba a la fuerza, a mí se me va la felicidad o algo así. Ahora es cuando imagináis que en realidad soy Rapunzel y lo cierto es que no. Cortarme el pelo me da mala suerte, pero a veces – pocas – lo hago y por eso no tengo esa melena infinita que en realidad quisiera.

La última vez que me corté el pelo fue hace un año. A lo loco. Dos semanas antes ya había tentado a la suerte celebrando mi cumpleaños en el trabajo – ex trabajo – dos días antes de que fuera realmente mi b-day, como si ese no fuera uno de mis grandes miedos en la vida. Y es que yo odio mi cumpleaños pero tengo claro que, de celebrarlo, ya sea una o mil veces, será siempre-siempre-siempre después de la fecha y no antes. Primer error.

Como os decía, no contenta con haber jugado a ser Dios unos días antes, decidí que era un buen momento para cortarme el pelo. Con dos ovarios y en cuarto menguante, ¿a quién se le ocurre? Está claro que iba buscando guerra como una inconsciente.

Me corté el pelo en una peluquería y no en casa a tijeretazos como cuando era joven y me daban crisis de identidad. Fui, con premeditación y alevosía, y le dije a la peluquera que me cortara las puntas, a lo que ella contestó que si solo las puntas y yo dije que sí, que solo las puntas. Lo que pasó después ya lo sabemos todos y es que las puntas para las peluqueras son unos 20 centímetros de pelo que ves caer a través del espejo mientras intentas no llorar y preparas tu cara de “has hecho justo lo que te he pedido, ¡gracias!”. Un aplauso, por cierto, para la concepción del sistema métrico de este gremio.

Salí de la peluquería con la mitad de mi pelo, pero sintiéndome muy empoderada. Tanto que me fui a zumba a bailar reggaetón como si no hubiera un mañana, como si hubiera roto con mi maleficio personal, como si pudiera andar sobre las aguas, como si fuera totalmente inmune a los caprichos del destino.

Con mis 32 recién cumplidos estaba en la fuckin’ cresta de la ola. La vida me sonreía, como ha de ser en verano. Estaba a punto de coger vacaciones para bailar, tumbarme en la playa y vivir mi particular película de amor en Roma. Tenía una hucha en la que ponía “pizza”, dos billetes de avión y tres vestidos que me quedaban de muerte, y también la absurda certeza de que podía con todo, que incluso podía, por qué no, prescindir de todo eso.

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3 respuestas a “Córtate el pelo

  1. Me he quedado con ganas de más.
    Que lo sepas.

    Cuando he acabado de leer la entrada he pensado: “¿Acaba aquí? Jo”.

    A mí cortarme el pelo me desestabiliza totalmente. Me desestabiliza la cabeza, el look y la costumbre de recogerme el pelo el un moño deshilachado porque pierdo las medidas y eso me vuelve loca.

    Pero cuando te cortas el pelo dicen que saneas las puntas (cosa que tampoco sé hasta que punto es cierto) y se supone que “todo vuelve a empezar”, pudiendo incluso prescindir de todo eso y… de más.

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    1. Al final voy de que asumo los cambios mejor que nadie y me adapto cual camaleón a las situaciones, pero a la imagen que te da el espejo y a ese momento que dices de intentar recogerte el pelo y descubrir una ruina de coleta es un asco. Lo mejor es ir a por el corte radical, lo que en mi caso desemboca en un look Cristóbal Colón y en el tuyo en Kurt Cobain.

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