Equilibristas

Siempre estoy esperando a que pase algo. Unos días más fuerte y otros días de una forma más llevadera, pero siempre estoy alerta. ¿En qué momento decidí que iba a ser equilibrista? No tengo conciencia de haberlo escogido. Creo que, más bien, fue algo que vino así y a lo que no tuve más remedio – por mi propio bien – que acostumbrarme.

No sé cuántas veces he repetido que me gustan los cambios, pero han sido tantas que me lo he creído. En realidad no es que me gusten, es que he generado cierta tolerancia para que no me afecten. De cualquier otra manera sería casi imposible sobrevivir.

Caminar en la cuerda floja se me da bien siempre y cuando no me baje la mirada. He aprendido a mantenerla en un punto fijo – como en cualquier ejercicio de yoga que exija equilibrio – y continuar sin pensar demasiado a dónde voy.

El vértigo es mentira.

¿O no?

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