A sangre fría

Hay rupturas que se hacen a sangre fría y quizá por eso te dejan el corazón helado.

No es la primera vez que convierto las noches en vertederos ni que salto de semana en semana con el triste éxito que solo te da la inmunidad emocional. Confieso que tiene su punto vaciarse: la sensación de poder es ilimitada, te da carta blanca para lanzarte al vacío y no exige demasiado a cambio.

A menudo pienso que me gustaría saber el camino de vuelta a la casilla de salida, como si en este juego existiera la posibilidad de volver a empezar. Otras, mataría por quedarme en este limbo para siempre. Y otras – las que más, seguramente – me pregunto si hay vida después de la vida, si un pulmón cansado puede volver a llenarse de aire fresco, si el brillo se recupera y cien mil estupideces más de este estilo.

Aunque a veces lo parezca, no hay ningún refugio en el que esperar a salvo a que pase el diluvio universal.

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