Hasta la próxima

Hay algo muy peligroso en la pena y es que de alguna manera se vuelve adictiva: se cuela en tu cuerpo y te obliga a revolcarte en el fango una y otra y otra vez. ¿A cambio? Solo consigues sentirte miserable, asfixiarte con tus propios lamentos y no poner el foco en avanzar, que supongo que es de lo que va al final todo esto.

Sé de algunas personas que cuando están tristes se ponen canciones para llorar. A mí no me gusta llorar, pero reconozco que a veces hace falta. Tiene algo de parecido con vomitar: después siempre te sientes un poco mejor, aunque sea por un momento.

Cuando quiero torturarme me repito que debo de tener algo horrible. Me pregunto una y mil veces qué será. Analizo los aspectos de mi personalidad y de mi físico que menos me gustan y me ataco como mi peor enemiga. Prescindo de la música: no quiero distracciones cuando me estoy flagelando.

Inmediatamente después pongo en marcha un mecanismo de defensa que me protege de mí misma. No consiste en contarme mentiras, ni tampoco en creerme lo que no soy. Nunca pienso que soy más que nadie, ni que “él” se lo pierde. Pienso que no me merezco el daño (¿hay alguien que sí?), recuerdo lo afortunada que soy por esto o lo otro y, bueno, la vida sigue.

Hasta la próxima.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s