Aplastando mi respiración

¿Hasta cuándo va a durar esto? Yo podría haber sido muchas cosas: la chica que se casa de blanco en una ermita de pueblo, la que corre junto su chico, la que come carne y se mete a los desconocidos en el bolsillo. Podría haber sido la que calla cuando toca y asume dignamente los finales, la que sale a cenar con cualquiera, la que sabe cuánto vino es suficiente. Podría haber sido la que se hace selfies mejilla con mejilla, la que habla en plural siempre que puede, la que no tomará postre esta vez. Podría haber sido si te he visto no me acuerdo, no tires piedras contra tu propio tejado, si me callo es que te voy a besar. 

¿Cuándo se me va a pasar? Me he acostumbrado al silencio, al aburrimiento, a la soledad y al ruido. He sido escéptica, alegre, me he hecho la tonta y he enloquecido. He puesto en venta mi alma magullada, he acariciado las grietas, he sido animal herido y un puto desastre. He creído en la magia, he ignorado las señales, me he resguardado en cualquiera, he provocado situaciones que no he sabido aprovechar. 

Entre aquel lunes y este ha pasado el tiempo necesario pero, mira, sigues clavado en mi espalda, a un lado de la columna vertebral, agarrotado, hundido hasta lo más hondo, hasta los pulmones, entre las costillas, aplastando mi respiración. 


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