Prescindible

Me pasé demasiado tiempo preguntándome si seguía enfadado. En ningún momento cuestioné el porqué de su supuesto disgusto. Solo necesitaba, y lo hacía casi con urgencia, que me perdonara, que todo volviera a la normalidad. Los silencios pueden ser realmente criminales. Depender del perdón de alguien te sentencia.

Buscaba con todas mis fuerzas retomar la tranquilidad, evitar terrenos pantanosos. Quién evita el peligro, se supone, tiene más posibilidades de salir indemne. No tardé demasiado en entender que no era algo que yo pudiera elegir.

Su coraza se abría y cerraba sin un patrón claro al que poder agarrarse. Yo solo era una espectadora que veía el momento exacto en el que se replegaba sin poder hacer más que preparme para el chaparrón y martirizarme por lo que no hice para evitar llegar hasta ese punto (otra vez).

Seguramente la mayoría de sus tormentas ni siquiera tenían nada que ver conmigo. Hasta ese punto era prescindible.


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