Ya nada volverá a ser igual

En este año, el año que cambió todo, asumo que hay muchas cosas que no volverán a ser igual. Aún queda un espacio a la sorpresa y a la improvisación, pero las principales cartas de mi partida ya están sobre la mesa. Y no se pueden cambiar. 

Empecé a escribir un post sobre 35 conclusiones a las que he llegado ahora que voy a cumplir los 35, pero me di cuenta rápidamente que todas eran la misma; bajo la premisa de tener la capacidad de elegir: valora lo bueno, por muy tonto que sea, y huye de lo malo, tenga la forma que tenga

He escapado como he podido de ataduras que por momentos extraño – ya sabes, todo lo que debería tener a estas alturas: trabajo, piso, pareja. Podría sentirme libre, debería sentirme independiente. Sin embargo, caí en la trampa de no evitar otros amarres. Ya sé que es imposible, pero tenía que haber intentado mantener el equilibrio. 

De tanto contarme la historia de mi propia decadencia al final me la creí. Ya nada volverá a ser igual. Seguramente haya desperdiciado muchas oportunidades, tomado malas decisiones y dado luz a quien solo quería apagarme. Llegado este punto, quizá no se trata de reconstruir las ruinas, sino de aprender a vivir entre mis propios restos. ¿Por qué perseguir ideales? ¿Por qué desgastarse en la mirada de los demás? ¿Por qué justificarlo todo y esperar el consuelo o la condescendencia a cambio?  

Todos necesitamos luz en la penumbra: es hora de abandonar las tinieblas.


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