El punto medio

No conozco el punto medio. El todo o la nada, pero no existe una parte tan solo. El impulso es mi naturaleza y ni ahora que me siento ya vieja y descreída puedo frenar la tempestad. ¿Te acuerdas cuando era un mar en calma? No me reconozco. Será por eso que busco la manera de recrear los escenarios previos a mi desastre: a ver si logro ser un reflejo de lo que fui.

¿Necesito ayuda?

¿Cuándo no la he necesitado?

Muchas noches me torturo pensando que igual tenía que haber sido una loca de esas que no se dan por vencidas. No conozco el punto medio que hay entre eso y desaparecer. Quizá no existe. Quizá no esté en mi mano encontrarlo.

Durante mucho tiempo he sentido que me faltaban demasiadas cosas por decir: es imposible soltarlo todo en una noche que no ha sido guionizada, que te pilla por sorpresa, que no te esperas que termine con una huida de madrugada. No conozco el punto medio que hay entre el silencio y el mayor de los estruendos.

Podía haberme dedicado a escribir mails en clave de súplica, pero preferí dejar una puerta abierta y cerrar todas las comunicaciones.

Ojalá haber aprendido algo para la próxima vez.

Ojalá dejar de pensar que no habrá próxima vez.


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