Pero yo sí

Parece que va a caer de un momento a otro una tormenta pero, como yo, no se atreve. No puede ser más domingo: conozco esta situación de agotamiento, de resaca emocional y de la otra, de querer y no poder, de no encontrar la actividad que haga un poco más agradables las horas.

Odio perder el tiempo como hace un año parece que hacemos. Esa sensación, la de perder, la conozco bien y me da rabia. Cuando me enfado soy práctica: busco la manera de salir rápido de la rabieta. Casi siempre es huir, trazar la hoja de ruta para poder escapar cuanto antes, tirar un puente hacia cualquier otra parte.

En otro momento hubiera salido escopetada, sin equipaje, dejando todo atrás. Tengo resaca como a los 20 (sueño, hambre, lagunas, cierto arrepentimiento), pero ya no soy tan impulsiva. Las últimas huidas me han enseñado que a veces merece la pena tener un plan, apoyarse en quienes te ofrecen ser soporte – da igual si es charlando, bebiendo o abrazando – y no saltar sin verificar que hay red.


Los domingos como este no deberían tomarse decisiones, pero detesto sentirme bloqueada mientras fuera se oyen ambulancias y el viento que anuncia la tormenta que no acaba de caer, porque no se atreve. Pero yo sí.


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