Borrón

Me pasé buen parte de mi infancia escondida. No puedo decir que fuera valiente, al menos no como me hubiera gustado serlo. Me aterraba la gente, las situaciones nuevas o que se me viera demasiado. Más o menos igual que ahora, pero entonces no sabía cómo aparentar lo contrario.

Lo que no me asustaba me daba vergüenza: tener pecas en la cara, mis dientes – demasiado grandes -, mis piernas – demasiado flacas -, mi pelo – demasiado indefinido. Me daba vergüenza no ver bien la pizarra, pero, a pesar de eso, oculté todo lo que pude que era miope, porque llevar gafas también me daba vergüenza. Me daba vergüenza ser la nueva en clase, que me vieran bailar y cantar, llevar falda, leer en voz alta, usar sandalias, jugar al “matao”. Me daba vergüenza que mis padres supieran que no tenía amigas, no ser tan popular como mi hermana, ni lista, ni guapa, ni graciosa. Me daba vergüenza mi nombre y mis apellidos, que me gustara un chico, mi manera de escribir con esa letra que no era “de niña”. Me daba vergüenza comer delante de gente, llevar el pelo suelto, no saberme la tabla del 8, subir en el ascensor con cualquier vecino.

Me daba una tremenda vergüenza ser yo. Lo peor de esa sensación constante es que va erosionando algo muy personal que no sabría nombrar, pero que acaba mutando en una especie de antipatía difícil de llevar. ¿El odio a una misma tiene algún tipo de límite? Últimamente pienso mucho en todo esto, en esas pequeñas sombras que se juntan para formar tu ADN y te condicionan el resto de tu vida. ¿Hay manera de modificar ese registro? ¿Es posible hacer borrón sobre un borrón?


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