Desde las tinieblas

Escribo siempre desde sentimientos oscuros y ya nunca desde la luz. ¿Será que no encuentro mi parte luminosa? ¿Será que me siento más cómoda en lugares tenebrosos, donde no se me vea del todo? Lo confieso: la felicidad me da miedo. Cada vez que siento un resquicio de felicidad – que, por cierto, se parece sospechosamente a la tranquilidad – siento pánico. ¿Hasta cuándo durará? ¿Qué acabará con este estado? No te acostumbres – no te acostumbres – no te acostumbres. Ese es el mantra que me impide relajarme.


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