Adela

Me preparé el papel protagonista. El año anterior había interpretado a Hermia, una de las principales de ‘El sueño de una noche de verano’, por lo que algo me decía que debía aspirar a lo más alto. “Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por aquellos que dicen que son decentes”. Yo quería ser Adela, yo quería el amor imposible, la garra, el drama.

Cuando la profesora dijo que habría una prueba para escoger quién interpretaría a cada hermana de “La casa de Bernarda Alba” entré en pánico. No entendí que era lo más justo, solo me asustó no ser capaz, admitir que otras niñas podían ser mejores que yo (siempre la maldita competición).

Cuando volví a casa les dije a mis padres que no quería seguir en teatro ese curso. No sé si me preguntaron por qué, pero seguro que mentí. Podría haber sido Martirio. Amelia. Magdalena. Pero la verdad es que ante el miedo de no ser Adela, preferí abandonar. “Sí, sí, vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola, donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana”.

Sigo recordando fragmentos, pero sobre todo recuerdo que ni siquiera lo intenté. Que fui cobarde, que me asustó fallar. Algunas veces, todavía hoy, pienso en aquello y me digo: esta vez sí tengo que intentarlo. Ya lidiaremos con el fracaso después.


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